Nací en Güímar, de raices majoreras.

Nací en Güímar, de raíces majoreras.

Nací un miércoles
allá abajo, en la lagartera;
el ultimo barrio de mi pueblo,
cerca de un camino y mil atajos, o veredas;
mi madre me dijo que era atravesado,
porque nacía a media semana, miércoles;
a medio mes, el quince de octubre;
dando gritos de guerra,
finalizando el año, treinta y uno.

Casi acierta en todo,
menos, en que no era tan malo nacer
atravesado;
siempre es bueno nacer
esté alto el sol, o escondido,
si se nace con luz de vida, y pueda ver
lo hermoso que es vivirla.

Atravesado o no, aquí estoy todavía,
he descubierto que la vida nunca se repite
pero si la historia; ya me lo dijo mi maestra
María de la Paz Rodríguez, de Gascón:
cada persona es un mundo  que no se repite
pero deja al viento que sus palabras vuelen;
no son fugitivas, son libres a veces
y en el viento vuelan y crecen si las dejan…..

No es el hombre el que perdura en el tiempo,
es su memoria cuando vuela.


Jecego. Domingo, 18 de febrero..

Tierra

Tierra.

Te regalo un instante de mi vida,
un instante para mi, es toda mi vida,
en él va mi esencia duplicándose cada día
para que puedas llenar todos tus rincones
con mi luz encendida, y verte a ti misma.

No necesitas abrazos, ni besos, ni flores;
te basta mi esencia en cada instante
para llenar todos tus rincones vacíos;
en vez de palabras, te regalo silencios,
mi música sin notas, con mucha magia
pegada a tus volcanes escuchando la tuya.

Quizá la vida solo sea eso:
el eco de una palabra
perdida en el infinito amor
que nos regala el mundo.


Jecego. Sábado 17 de febrero del 18.

Carnaval tinerfeño.

Hay carnaval, carnaval.
Carnaval tinerfeño.

El horizonte lleno de colores
imita al carnaval tinerfeño,
que de la isla se hace dueño, y su embrujo
da colorido a todos sus pueblos:

se desborda la alegría, y la danza
se adueña de los sentimientos,
todo se hace feliz algarabía
fundiendo horizonte y pueblos.

Ya todo es carnaval en la isla,
todo es alegría infinita;
todo se ha fundido en la fiesta
del precioso carnaval tinerfeño.

Hasta el sol en su apogeo, tiembla
porque su luz apenas luce;
ante la luz prodigiosa de ese carnaval
que saca de las tinieblas al mundo.


Jecego. 16 de febrero del 18.

Otro horizonte.

Otro horizonte.

Enmarcado en un paisaje de silencio
y cubierto por un manto de nubes
está el espejo donde se mira la lluvia
antes de ser ella misma, espejo sobre la tierra.

Cuando el agua se hace espejo
formando charcos en el suelo;
se mira y no reconoce su faz
aquella lluvia que fue agua hace un momento.

Lluvia y agua
tan cerca y tan distantes;
imagen y espejo frente a frente
disputando el ser y el no ser.

Dos mundos en un solo espacio
imagen y sonido en una sola palabra;
dos mundos tan diferentes
arrancados a una sola gota de agua.

Se encontraron el punto y el infinito,
y de nuevo juntaron sus espaldas
y empezaron a andar de nuevo
a buscar luz en la distancia.

Jecego.  Sábado 03 de febrero del 18.





Guimar ayudate a ti misma.

Güímar como muchos pueblos de España
que miran hacia fuera, en vez de ayudarse.

Un pueblo hecho a sí mismo
con el arado y la azada,
con la música del agua
y un sol moderado;
unas veces lluvioso
otras seco como el esparto,
cuando acorde con el tiempo
sembraban su árido campo;
siempre un güimarero:
majorero, conejero, gomero o local
miraban al cielo al plantar,
porque aunque hubo abundante agua
contaban con la del cielo.
Cuidaban sus viejas cuevas y corrales
donde se guardan:
cabras, gallinas, conejos y cerdos
muy cercas de las papas;
siempre cantando a su aire
para no ver sus miserias
que empezaban en sus plantas;
así aprendieron los güimarero, de todas partes,
a forjar, su querida patria.
Así nació Güímar,
de las manos de hermanos de todas las Islas
que vinieron a ayudarnos;
hoy somos todos familia;
pero la política de nuevo
ha empezado a separarnos,
destruyendo imágenes de nuestra historia
que nos mantenía abrazados.
Güimareros todos, mirando a los lados,
vemos como los árboles crecen a nuestro alrededor,
mientras los nuestros se están secando.
Güímar, tu naciste de la miseria,
te levantó el tomate y el plátano,
con manos propias y amigas
de hombres y mujeres de todas las islas,
que nunca estuvieron en el paro;
levanta tus ojos güimarero y mira,
no dejes varado tu barco.
Güímar, despierta, lucha por tus hijos,
no dejes encallar tu barco frutero,
no permitas que muera sin luchar por ellos,
mira para dentro con los ojos abiertos,
no abandones tu tierra.
Sobran quienes nos invadan luego,
o ya lo están haciendo


 Jecego. 04 de febrero del 18.

Oigo voces en el Malpaís de Güimar.

Oigo voces en el Malpaís de Güímar,
voces que vienen del pasado,
no se que dicen, no entiendo los sonidos,
pero presiento que hablan conmigo
porque siento que viajan a mi lado.

Me adentro entre cardones y tabaibas
y sigo oyendo hablar al viento;
creo que son voces de guanches
que guardaron aquí sus almas;
y quieren romper el silencio
entre su mundo de lava y viento.

Voy montado en alas del pasado,
sobrevuelo lo que ayer fue mi casa,
siguiendo patrones marcados
por la estirpe de nuestra raza, recordando.

Sigo patrones tan viejos como el Teide
sobre lava de ese gigante canario,
milenario, nacido en aguas del océano,
hoy callado, más bien dormido;
porque sé, que solo duerme vigilante
de sus hijas Canarias, y su suelo volcánico.

Jecego. Domino 04 de febrero del 18.


Precioso amanecer.

Precioso amanecer.

Hoy veo al sol cabalgando
sobre el anca del viento
buscando el horizonte;
la luz se ríe y deja llevar,
sabe que ella es el horizonte
pero le gusta viajar;
se deja abrazar por el rey sol
le gustan las sensaciones fuertes
y viajar abrazada, no puede ser mejor;
le encanta sobrevolar las montañas,
ver el verde  esmeralda a sus pies,
y percibir el aroma de sus flores y ramas;
también el arrullo de las olas
del mar azul buscando el horizonte
que cada vez, se aleja más;
pero la luz va por delante
abriendo camino al sol, que se cansa,
entonces la luz baila con las nubes,
se hacen horizonte y visten los colores
fantásticos de esta mañana.


Jecego. 03/02/18.

Las montañas de los guirres.


Como pechos de mujer hermosa
encabritadas  sobre el llano de la planta,
con una cañada en su centro
por donde se ve el mar
se asoman las montañas;

quiero divisar en su liquida llanura
unos ojos azules, una boca ardiente,
un cabello rizado como sus olas
y una voz que delata ternura ; 

sus formas surcadas por la historia
retienen del pasado viejas plantas,
que miran con secas miradas
desde el árido suelo donde lloran;
                                                          
en ellas puede leerse su lejana historia 
cuando fueron traje verde de primavera,
que aún guardan leña de su rendido paso
por la vida, cuando fueron esmeraldas y flores.
   
Hace tiempo fueron precioso y verde pasto
del ganado ovino y cabrío,
hoy solo seco silencio llevan como vestido
cubriendo sus formas, con recuerdos de antaño;

Alguien quiso ver en ellas, la silueta
de unos hermosos pechos de mujer,
por ello muchos,  hoy como ayer
llaman,  tetas de la mujer güimarera.

Hacen muchos años se llamaron,
montañas de los guirres,
porque surcaban el aire águilas con ese nombre
que comían restos de animales muertos;
eran zonas de pastos de los guanches, 
lo que ahora es, solo  un esqueleto de plantas muertas.

Jecego. Lunes 29 de enero del 18.